lunes, noviembre 17, 2014

Pensemos en serio...

La semana pasada fue noticia en todo el planeta un logro histórico para el desarrollo de las ciencias: un consorcio de países integrado básicamente por Estados Unidos y la Unión Europea logró hacer descender sobre la superficie del núcleo de un cometa un laboratorio que operó durante 3 días recogiendo datos y enviándolos hacia la Tierra.
Si bien suena ya bastante extraño hablar de descender en la superficie de un cometa que se está desplazando a lo largo y ancho del Sistema Solar, mucho más imponente (al menos a mi parecer) son las características generales de la misión:
  • El vuelo del satélite duró 10 años, eso requirió superar el desafío de calcular con precisión matemática el movimiento de los planetas, del propio cometa y del satélite por el término de 10 años.
  • Durante su vuelo el satélite estuvo apagado (hibernado es el término preciso) durante 3 años, logrando al cabo de los mismos poner nuevamente el satélite en operación y restablecer las comunicaciones de modo remoto.
  • Antes del descenso el satélite estuvo un par de meses en órbita alrededor del núcleo del cometa observándolo para determinar el mejor punto para el descenso.
  • Se realizó por primera vez un procedimiento de descenso de este tipo sobre el núcleo de un cometa logrando, después de 2 intentos fallidos, fijar la sonda sobre una superficie que era completamente desconocida cuando se realizó toda la planificación (se ignoraba su consistencia, material, etc.).
Es claramente un logro imponente, pero un logro que tiene otra característica muy importante que creo debemos rescatar: no es el logro de un individuo, tampoco de una empresa ni de un país. Se trata del resultado del esfuerzo colaborativo de una amplia comunidad de científicos de diferentes disciplinas y nacionalidades.
Como son los verdaderos logros científicos de este siglo XXI: no tiene autores claros, ni nacionalidad. Es el fruto del trabajo colaborativo de hombres que quizás nunca se han visto personalmente pero que trabajan desde su disciplina y su lugar de residencia con un objetivo común.

Hace poco más de un mes, la Argentina tuvo su propio logro en materia aero-espacial: la puesta en órbita del satélite ARSAT-1. Este logro tuvo también características propias: es fruto de haber retomado el desarrollo de tecnología aero-espacial localmente, con científicos locales en instalaciones locales.
Su puesta en funcionamiento tuvo algunos desaciertos en materia de relaciones públicas. Se anunció como el primer satélite de comunicaciones argentino, cuando en realidad Argentina ya ha puesto en órbita varios satélites de comunicaciones en operaciones antes; y se lo presentó como 100% producción local cuando es una afirmación tan general que se hace difícil de sostener. Pero esto, que fue comidilla de oficialistas y opositores, de defensores y detractores es lo que menos me preocupa. Podemos discutir eternamente qué quiere decir 100% argentino y quizás no lleguemos a un acuerdo.
Lo que me preocupó en ese momento, es que algunos científicos crean que pueden considerar que un logro científico o técnico de este tipo es 100% de autoría exclusiva de una persona o grupo de personas o país, y que sostengan esa idea.

Todos los que en alguna medida hemos estado vinculados al trabajo científico sabemos que hoy más que nunca en la historia de la humanidad el desarrollo científico real es fruto del trabajo colaborativo. Cuando hoy un científico se encierra en su laboratorio a estudiar y analizar un tema, por más solo que se encuentre sabe (o debiera saber) que se está parando sobre los hombros de miles de científicos que lo han precedido a lo largo de los años, y que está trabajando hombro con hombro con miles de coetáneos que estudian ese mismo problema y que cada día publican cientos de reportes para intercambiar información y enriquecerse recíprocamente.
Y la demostración más grosera de esto es que para poner el satélite en órbita se utilizó un cohete Ariane 5 de fabricación europea, desde una plataforma de lanzamiento emplazada en la Guayana Francesa.

Pero no es esto lo que motiva mi reflexión actual. Es otro elemento.
En torno al lanzamiento del ARSAT-1 se estableció un largo e intenso debate centrado en el desarrollo nacional y el avance científico, etc. A pesar de haber leído mucho, en diferentes medios, respecto del descenso de la sonda en el núcleo del cometa, poco he visto comentado respecto a la participación argentina en el emprendimiento. Y lo ha habido.
El representante de la NASA en el centro de control europeo que dirigió el descenso y operación de la sonda en Alemania, fue un argentino. En Marlargüe (provincia de Mendoza) se encuentra uno de los 3 centros de comunicaciones que mantuvieron el control de la misión (uno en Argentina, otro en Alemania y otro en Australia). Este centro de comunicaciones cuenta con personal científico argentino, dirigido también por un argentino.
¿Cómo es posible que nos pasemos días debatiendo en torno al lanzamiento de un satélite que más allá del logro nacional no agrega mucho al desarrollo científico, y no dediquemos tiempo y atención a la participación argentina en un hecho tan trascendente para el desarrollo de la ciencia en nuestros días?
Descarto que el motivo sea político. El centro de comunicaciones de Malargüe fue desarrollado a partir de un convenio del Gobierno Nacional con la Agencia Espacial Europea (ESA).
No se me ocurre otro motivo más que nuestra propia ceguera, ignorancia e incapacidad. Científicos argentinos trabajan colaborando con las más importantes agencias internacionales y con los mejores investigadores del mundo en materia aero-espacial; pero nosotros nos enorgullecemos de haber puesto en órbita un satelite. No entiendo porqué tanta atención para una cosa y tan poca para la otra.
¿Será porque el satélite es "100% argentino" y la misión al núcleo del cometa es resultado de la colaboración internacional? Me dolería mucho que fuera así.
No podemos aislarnos. El crecimiento y el desarrollo en el siglo XXI se dan de la mano de la colaboración y el trabajo conjunto; no del aislamiento y la competencia.
Podemos estar orgullosos del ARSAT-1, pero mucho más orgullosos (creo) debemos estar de que un grupo de científicos argentinos ha sido parte de un hecho que quedará en la historia de la humanidad.

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